Ficción

Joana, yo no soy feminista

por | Jun 28, 2026

Por Ara López

*La imagen de Joana, yo no soy feminista la diseñó Chat GPT.

«Joana, yo no soy feminista». 

Sentencia que hace pocos años dejé caer en una conversación con una amiga. 

Feminista: una palabra que con sus nueve letras me hacía sentir rechazo hacia lo que consideraba una posición radicalizada hasta diluirse en el sinsentido, y que ridiculizaba la lucha por la que miles de mujeres, a través de décadas, habían dejado incluso la vida. 

Feminazis

Sí, esa era la palabra apropiada. 

Y yo no era una loca de esas; yo estaba del lado que comprendía, que no generalizaba, que respetaba lo que habían hecho las mujeres que me precedieron. ¿Haciendo qué? No lo sé, pero sin duda alguna yo lo respetaba. 

Los dichos y refranes no se ganan gratuitamente su lugar en nuestro diccionario de vida, y «la ignorancia es atrevida» me calzaba a la perfección. 

No sabría decir exactamente en qué momento ocurrió, pero hubo un cambio en mi manera de ver las cosas, de leerlas, de procesarlas. Comprendí que parte de mi rechazo hacia el feminismo estaba muy arraigado en el miedo de aceptar que soy vulnerable solo por ser mujer. Y, en consecuencia, el miedo a tener la responsabilidad de no perpetuar los comportamientos misóginos, a tener que estar atenta y reconocer cuándo están vulnerándome, a cuidarme incluso de mis amigos más cercanos, que me quieren y los quiero; pero todos jugamos un papel en ese tablero, queramos o no, nos demos cuenta o no. 

Y comencé a reconocer ciertos patrones en la manera en que somos tratadas ante una denuncia, ante el maltrato o al dar una opinión; en la lucha para que nos crean y no nos tilden de histéricas. Sí, aún en el 2026 eso es una lucha. Por primera vez descubrí claramente la condescendencia detrás del «hoy en día la mujer ocupa cargos importantes y tiene presencia en prácticamente todos los rubros», como si nos hubiesen hecho un favor; porque no están reconociendo igualdad en capacidades, están resaltando que nos dieron oportunidades aun siendo mujeres. 

Ahora veo con alarma la proliferación de grupos misóginos que terminan siendo admirados y copiados por millones de niños y adolescentes. 

Ahora veo a los grupos que consideran que hay que revocarnos el derecho al voto, que no deberíamos trabajar, que tenemos que guardar silencio, que nuestro disfrute sexual es una aberración.

Ahora veo la cantidad de grupos que existen única y exclusivamente de hombres para compartir fotografías y videos de mujeres, para alimentar a los depredadores sexuales, a los mirones, a los cómplices. 

Ahora veo cómo un grupo de hombres justifica la agresión a una mujer porque no siente atracción por ellos. 

Ahora veo que «el pacto» existe disfrazado de normalidad, fortaleciendo a los que disfrutan de su escudo, socavando a aquellos que forman parte de él y no lo saben, cubriendo de burlas y señalamientos a quienes lo exponen. 

Ahora veo. 

Ahora entiendo. 

Ahora temo. 

Los discursos que antes me parecían ajenos o exagerados, ahora los escucho en el día a día, camuflados de opinión, de chiste o de frustración colectiva. Son frases que se repiten en pasillos, redes y reuniones, en nuestra propia casa, y que de pronto empezaron a sonar con absoluta nitidez: 

«Quiero una mujer femenina, no feminista». 

«Ahora me vas a salir con que «el patriarcado…»». 

«Ahora soy culpable de todo solo por ser hombre». 

«Hay más leyes que protegen a la mujer y se quejan». 

«Más neuronas y menos hormonas». 

«Hablamos cuando no estés menstruando». 

«Esa es una puta que se acostó con varios, yo también la cogí». 

«Eres buen músico para ser mujer». 

«Las mujeres son pésimas estrategas». 

«Una mujer que no quiere ser madre no se puede llamar mujer». 

«Con una falda tan corta y se molesta si le agarran el culo». 

«Por estar saliendo sola es que le pasó eso». 

«Eso se le quita con una buena cogida». 

«A las mujeres hay que quererlas, no entenderlas». 

Y entre tanto ruido, por fin me entendí yo.

Joana, si pasas por estas letras, quiero que sepas que soy feminista.

 

*¿Ya leíste «La jevita que no encajaba?»

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Historias similares

Lunar menguante

Lunar menguante

«Nuestro lunar me vuelve loco.

Camina, no me mira. Franelas, camisas y faldas al azar. Su panti rosada acaricia sus piernas. De espaldas, está al tanto de que disfruto cada pedacito de su ser. Nuestro lunar desvía mi intención».

leer más
Librerías y Panópticos

Librerías y Panópticos

«Pero tal vez toda esta enumeración no sirva de nada si no digo la razón principal por la cual, a cada tanto, Centro Plaza me parecía —palabras de un carajito no nacido en la capital— el mejor sitio cultural de Caracas: allí había dos secretos (dos joyas), un par de librerías emblemáticas: Templo Interno y Noctua».

leer más

Quiénes somos

Una productora cultural que trabaja en torno a la literatura, el cine, las series y el humor. Nuestra actividad principal es organizar talleres formativos en esas disciplinas.

Contacto

Para información sobre los talleres y nuestros libros:
inscripcionesc.amarillo@gmail.com

Para cualquier otra información:
productorac.amarillo@gmail.com

Síguenos en nuestras redes