Ficción
Breviario Violeta
Por Juan Manuel Romero
*La foto de portada de Breviario Violeta la tomó Gabriela Mesones Rojo
PRIMAVERA
En el 2014 me emocionó que ella conformara el jurado que emitió el veredicto del VIII Premio de Cuento Policlínica Metropolitana para Jóvenes Autores. Pero la dicha fue mayor cuando me enteré de que a “Palmadas en el hombro” lo habían ubicado en el tercer lugar de ese Certamen. Un reconocimiento que me impulsó a creer cosas. Cosas en las que, por cierto, ya no creo.
El día de la premiación conocí a dos de los tres jurados.
Le di la mano al maestro José Pulido y al profesor Ángel Gustavo Infante, ganador en 1987 con “Joselolo” del concurso de cuentos de El Nacional. Sin embargo, la deslumbrante mujer, profesora, teórica y jurado de aquel concurso no asistió porque estaba fuera del país. Esa circunstancia, luego tan habitual para separarnos, me impidió conocerla.
Unos tres años más tarde, la propia y sin par académica publicó un puñado de brevísimos textos míos en una sección en el diario El Nacional que se llamó “Minificción de los jueves”. Hoy un proyecto desmontado de la web y que desconozco lo que pudo haber pasado con él.
VERANO
Tal vez finalizando el siglo XX la leí porque me dio la gana.
La leí porque los minicuentos de Ednodio Quintero me volaron la cabeza y esta quedó en el aire como aquellos zamuros que se comieron unos lingotes de oro y un viejo se pasó el resto de su vida cazándolos (gastando pólvora en ellos).
En su Breve manual para reconocer minicuentos, de la edición de Fundarte de 1996, hallé una teoría que hacía gala de sus hallazgos y delimitaba los rasgos de los textos en cuestión (no solo los de Quintero). Su propuesta era limpia y contundente, en extremo concisa y armada muchas veces de una precisión absoluta, académicamente muy solvente.
Entonces por ella me fui a explorar la obra de Ramos Sucre, y de esta obra salté a la de Monterroso, luego a la de Cabrera Infante, y más tarde a la de Julio Miranda, a la de Alfredo Armas Alfonzo, y hasta fui a dar a la obra cuentística breve del mismísimo Luis Barrera Linares… Entre muchos otros a los que me aboqué maravillado, gracias al manual “breve”. La verdad sea dicha, para mí su manual fue el enorme puente hacia otros lares hondos de la brevedad. Ese texto fue el primer sitio en donde me sentí cómodo frente a esa forma de narrativa, versátil, que combina elementos de diversos géneros literarios y desafía las convenciones tradicionales del cuento.
OTOÑO
Con la microficción me han pasado cosas.
La he fatigado borgeanamente.
Le he leído con asombro, y, no me cabe la menor duda de que, al estudiarle, me veo leyendo un nocturlabio con los ojos cerrados.
Un día, dentro de las pocas líneas de un “textículo”, enfrenté a dos académicos (Lauro Zavala versus Violeta Rojo) en duelo. A la cuenta de tres, cuenta efectuada por un sheriff de Wyoming, voltearon y dispararon sus teorías sobre lo mini y sus certeras denominaciones.
INVIERNO
Le vi por última vez, en su faceta de editora, en la presentación de la novela Nebraska de Miguel Gomes.
A parte del autor, la precedieron Krina Ber (otra de las pérdidas irremediables que tuvimos en el mismo funesto diciembre de 2024) y Gustavo Valle.
Solo puedo decir: qué entereza la de su intervención.
Ese mismo diciembre volví a leer «¿para qué vivimos si el viento que sigue a nuestro zapato ya borra nuestra última huella? …» Una tristísima sentencia que vapulea en el cuento de Stefan Zweig, Mendel, el de los libros.
Diciembre fue un mes breve. Hiriente.
Eficaz, como la muerte. Y ya se sabe lo que Baltasar Gracián dijo al respecto: Lo bueno, si breve, dos veces bueno…, etcétera.
Desde luego, hay minicuentos que no terminan nunca (herencia interminable de la obra de Michael Ende): murió.
Ella, nuestra Violeta Rojo, inició el suyo el pasado 12 de diciembre de 2024.
*Abrimos para ti una nueva edición de este taller de escritura creativa.
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